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Imágenes.

marzo 4, 2011

Los  hombres se vuelan los sesos con billetes de lotería.
Niños comen juguetes del basurero cuando descansan de limpiar los parabrisas de los carros de baterías de sus vecinos. Sus madres recogen  arroz tirado en el suelo después de una boda, costumbres estúpidas de la gente frívola.
Los animales de granja miran con piedad al gato que acaricia el carnicero de manos ensangrentadas, y los pequeños son encadenados a libros de texto inútiles, osos juegan con las trampas infantiles dejadas por sus cazadores, y los brazos de los adictos lloran como bebés por falta de heroína.
Políticos hablan y sus palabras se derraman en las alcantarillas, el pintor del rascacielos muere desangrado en la acera mientras la gente se sorprende al ver el azul de la pintura desparramada a su alrededor, autómatas pasivos que en su descanso nadan en playas artificiales con agua reciclada.
Allí esta también el hombre con el rostro cubierto por una máscara antigas regando la última planta que le brinda oxígeno. El corcho en la botella del alcohólico sonriente, la mula arriada con misiles, el pianista solitario que usa como cuerdas el cableado eléctrico para componer su última canción, y los hombres de amarillo pintando de nube el gas salido de las chimeneas en la fábrica de residuos tóxicos.
Hay mil  payasos disfrazados de ejecutivos que en lugar de globos llevan bóvedas y cajas fuertes flotando con la inflación diaria, méndigos y limosneros pidiendo una moneda mientras se transforman en dinamita, la proyección del mono libre convertido en esclavo humano para poder sostener su propia carencia de historia.
Perros con mascara de buzo buscan comida en el lago contaminado, las fuentes derraman verborreas pasadas entre el agua escasa, y el hombre que no sabía si ser objeto o sujeto en un drama digno de Hamlet se debate entre metas e ideales, también hay  cazadores que abandonaron a sus galos por un carro de súper mercado, y un esquimal pescando dentro del carro que flota en el océano.
Existen  terroristas amenazando a sus víctimas con las cuerdas del violín  que piden por botín un plato de comida, algunas escaleras aparecen rotas, ya no sirven para subirá ningún lado, sino para hacer fogatas y evadir el frio, los secretos escondidos en las entrañas de la tierra por jerarcas y dioses han sido revelados, pero la gente sigue creyendo en sus ídolos de barro, Ya existe la comida virtual, y la fuerza sobre humana de los jóvenes que remolcan camiones por escases de gasolina.
Lentamente, las ovejas comienzan a suicidarse una a una, y los magos sorprenden a los conejos de sus sombreros al convertirlos en su cena personal, los campesinos hicieron surcos en el campo, mismos que los soldados robaron para hacer trincheras, las mujeres sacudieron de los billetes el polvo y pólvora, y se erigieron estatuas de la valentía militar junto a la desesperación del pueblo.
Se barren las ruinas de la dignidad y se colocan en vitrinas de los museos, junto a los últimos libros, junto a la paloma de la paz, mecanizada por cierto.
Los icebergs se derriten llevándose consigo a los pingüinos ahorcados, el sol fue representado en un lienzo para que las futuras generaciones lo conocieran, hace tiempo que dejamos de verlo, los diarios han sido colocados  en las coladeras o de cobija de los pobres, y los manteles de los burgueses son usados en la bandera de la no bandera.
Los cerebros se han consumido, y nos hemos convertimos en marionetas. Con devoradoras presentadas en infomerciales aspiramos ríos, montañas y valles. Las mismas avestruces que una vez mataron a sus semejantes siguiendo órdenes, pretenden con aguja e hilo remendar las heridas de la tierra ocasionadas por las bombas  y las minas, pero es demasiado tarde, la blanca esperanza se cortó las venas en la bañera después de la guerra nuclear.
El hombre- objeto sigue deteniendo con su mente – cuerpo el sistema, el hombre- pieza que creía en finalidades, propósitos, y objetivos tuvo que humillarse una vez más, y tomar un poco de agua del cubo donde poco antes mío su propietario.
Eso pasa en algún lugar bajo el arcoíris, pero hay quienes fueron más allá, y  navegan en barcas austeras sobre el cabello – mar de la ausencia de cualquier convicción.

 

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